Lo llaman "la mayor democracia del mundo", pero dista mucho de serlo
LOS HECHOS
Hoy, 3 de enero del 2026, el mundo, atónito, vuelve a asistir a una nueva demostración de fuerza de EEUU. Como si, en un acto de reminiscencia, nos quisiera recordar cómo Rusia invadió Ucrania hace ahora ya 3 años. Como si, en el patio del colegio, los 2 matones de turno siguieran escogiendo, paulatinamente, las débiles presas con quienes mostrar a la audiencia de quién y de quiénes es el campo del juego, el patio del colegio.
Ambos matones, por cierto, reflejados en el espejo, calificaron sus fechorías de manera muy similar: “operación especial” en el caso ruso, “operación militar” en el estadounidense.
El demagogo presidente estadounidense, Donald Trump, vuelve a optar por la vía rápida (sin resolución previa del Congreso) para solucionar supuestos problemas, en este caso capturando al presidente de Venezuela (al que lleva meses acusando de narcotráfico), a fin de juzgarlo de acuerdo con las leyes estadounidenses (¿qué hay de la Corte Internacional de Justicia de La Haya?). Esto, con independencia de la legitimidad, benevolencia o malevolencia del régimen venezolano de Maduro.
Desde que hace poco más de un año resultara reelegido para su segundo mandato como presidente de EEUU, el controvertido, populista, polémico y demagogo presidente estadounidense ha sido el agotador foco diario de atención a través de su intervencionista / expansiva política exterior. Ha protagonizado acciones de dudosa legitimidad, contrarias a las leyes del Derecho Internacional, por mucho que hayan sido realizadas por la, supuestamente, mayor democracia del mundo. Por enumerar algunas:
1) Humilló a Volodmir Zelensky, presidente de Ucrania (país invadido por y desde entonces en guerra con Rusia), al asegurar que “estaba jugando con la Tercera Guerra Mundial”.
2) Sus codiciosas pretensiones de las tierras raras groenlandesas han generado inestabilidad en Groenlandia, lo que ha producido tensiones tanto en Dinamarca (país al que administrativamente pertenece la isla) como en la propia Unión Europea.
3) Se vanaglorió de la reconstrucción de Gaza, a la que pretende convertir en un resort vacacional (gestionado por empresas estadounidenses, por supuesto), aun cuando ello pudiera suponer la deportación forzada de 2 millones de personas.
4) Tras décadas de progresiva liberalización del comercio mundial, ha vuelto a imponer aranceles masivos a la importación, lo que ha conllevado una escalada arancelaria a nivel mundial siguiendo la lógica de acción – reacción. Los aranceles son, recordemos, amigos de la industria local, pero enemigos de la inflación, la libre competencia, el consumo y en definitiva del ciudadano / consumidor final, que ya no puede elegir los productos que quiere. En suma, los aranceles son una amenaza para la buena marcha de la Economía.
5) No ha pagado por el Asalto al Capitolio de enero de 2021, el mayor ataque a la democracia estadounidense, propugnado e instigado por el mismo Trump, que no digirió su propia derrota electoral, acontecimiento éste que bien puede ser calificado de Golpe de Estado civil (afortunadamente fracasado). Hasta indultó al resto de encausados, en una de sus primeras medidas como presidente reelecto.
Hitler también dio un golpe de Estado fracasado, por cierto, 10 años antes de llegar al poder.
Y volviendo con Trump: como al propio Maduro, como a cualquier líder autoritario, le encantaría perpetuarse en el poder.
6) Hoy, que el presidente Donald Trump ha capturado a Maduro acusándolo por narcotráfico, cabe recordar que hace apenas 1 mes (28/11/2025), el mismo Donald Trump indultaba a Juan Orlando Hernández, ex-presidente de Honduras, condenado por narcotráfico en EEUU.
Todas estas “actividades”, muchas veces ilógicas / irónicas / contradictorias / enfrentadas, del populista y prepotente presidente estadounidense hay que encuadrarlas en el enfervorecido e inusitado nacionalismo que profesa (“America first”, “Make America great again”). Autodenominando a su país como “América”, es inevitable preguntarse qué pensaran el resto de países americanos de este egocentrismo – narcisismo excluyente. Y también es inevitable preguntarse qué pensarán quienes se refieren a EEUU como “Norteamérica”. Más al norte está Canadá. Como si América o Norteamérica se limitara solo a Estados Unidos.
Y otro apunte clave, fundamental: no perdamos de vista que fueron los nacionalismos los causantes de 2 guerras mundiales (y la mayoría de las anteriores) apenas hace un siglo.
El problema (o la causa) de fondo es el / la de siempre: los intereses de EEUU en el mundo, del que son jueces supremos y árbitros desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
En la alocución de Trump de las 17:00 de la tarde de este 3/1/2026 (realizada desde una de sus mansiones, por cierto, alejada de sedes oficiales de Gobierno), Trump, más allá de hablar de Venezuela, se ha dedicado durante un tiempo importante a hablar de política interna, de sus “logros” como Presidente: nos reitera que ha limpiado Washington, ha seguido culpabilizando a Biden por su supuesta mala gestión y ha terminado sacando pecho por lo espectacular de la operación militar en Venezuela (Donald: ¿por qué no haces lo mismo con el inquilino del Kremlin?).
FOTO DE DONALD TRUMP. Fuente: wikipedia
Si alguien tenía la certeza de que la democracia efectivamente llegará a Venezuela, y caerá el régimen de Maduro, las propias declaraciones de Trump han dejado claro que no es su prioridad: Trump ha dicho que “vamos a gobernar el país hasta que podamos hacer una transición”; y en relación a María Corina Machado, líder de la oposición, ha mencionado que “no cree que tenga el apoyo y respeto del pueblo venezolano”.
De momento, esperemos que Venezuela no se suma en el caos, la revuelta popular y eventualmente la guerra civil, como ya sucedió en el pasado en otros países de Hispanoamérica donde EEUU realizó intervenciones militares (Nicaragua 1912, Guatemala 1954, Panamá 1989, El Salvador a mediados de los ‘80, Chile 1973; entre otros) y más recientemente y aún en la memoria colectiva, Afganistán e Irak.
¿Denominador común de la mayoría de las intervenciones militares estadounidenses en los anteriores países? Intereses económicos, y más concretamente energéticos: el petróleo.
Estados Unidos no regala democracia, porque tampoco le sobra.
A todo esto: qué gran vergüenza es que un organismo deportivo, la FIFA (que nada tiene que ver con una institución benéfica ni con una ONG), haya tenido la estrafalaria ocurrencia de crear un premio de la Paz y que encima su primera edición se la hayan otorgado a Donald Trump, en un vano intento de calmar su pataleta-decepción infantil, toneladas de ego despilfarrado porque a su juicio, merecía el Nobel.
LA DEMOCRACIA ESTADOUNIDENSE
Es escandaloso que un personaje megalómano como lo es Trump, un dictador en potencia, sea presidente de la primera potencia mundial, y culpa de ello la tiene el propio funcionamiento de la democracia estadounidense, que cuenta con algunas características idiosincráticas, varias de ellas únicas / exclusivas:
1) Sistema de partidos: bipartidismo frente a multipartidismo. En comparación con otras democracias consolidadas (Alemania, Francia, los países escandinavos, Suiza o España, por citar algunos ejemplos), las posibilidades de triunfo electoral se limitan en EEUU a 2 únicos partidos de relevancia, el partido Republicano y el partido Demócrata. Los únicos que cuentan, por cierto, con representación en el Congreso estadounidense. No porque la Constitución estadounidense no permita la formación o concurrencia de partidos alternativos, sino por las dificultades de financiación planteadas: los recursos públicos se asignan en su mayoría a esos 2 partidos. Por otro lado, los propios medios de comunicación se centran casi exclusivamente en ellos.
En definitiva: el elector no tiene de dónde elegir.
2) Candidatos, dentro de los partidos: a título personal, los candidatos a presidente de EEUU precisan de ingentes cantidades de dinero a fin de financiarse la campaña electoral, que, de acuerdo con la ley electoral, pueden gastar sin límites de su propio patrimonio. Esto, en la práctica, limita las posibilidades a las élites más ricas y pudientes del país, que son quienes pueden costearse la campaña electoral; y genera un ambiente electoral más personalista, de culto al individuo, donde se vota más al candidato que a las ideas promovidas.
Y todo esto por no hablar del gran sinsentido que es votar a personas y élites multimillonarias, tan alejadas de los problemas de reales y diarios de las personas.
3) Sistema electoral – el ganador se lo lleva todo (“first-past-the-post”): a través del sistema electoral se calculan los escaños en función del número de votos obtenido. El sistema estadounidense se rige por la Fórmula de la mayoría relativa que asigna todos los escaños al partido más votado. El partido que más votos obtiene en una circunscripción (Estado) se lleva todos los representantes, sin que quepa ninguna representación a partidos que queden en segunda, tercera o posteriores posiciones. Existen, a grandes rasgos, una decena de fórmulas de asignación de escaños en las democracias parlamentarias, atendiendo a su mayor o menor proporcionalidad. El sistema electoral estadounidense (en línea con los de otros países anglosajones como el Reino Unido) es el más desproporcional de todos, de acuerdo a este criterio. Es evidente que este sistema de "winner takes all" (el ganador se lo lleva todo) no representa adecuadamente las preferencias de los ciudadanos estadounidenses.
4) El poder del Presidente: Sistema Presidencialista frente a Parlamentarismo. El de EEUU es el modelo original de presidencialismo puro, donde se confieren al presidente estadounidense amplias y numerosas prerrogativas:
a) La Presidencia de EEUU reúne en sus manos a su vez la jefatura de Estado y la jefatura del Gobierno.
b) Poder supremo sobre las fuerzas armadas, lo que incluye la decisión de lanzamiento de la bomba atómica.
c) Poder de veto de las leyes emanantes del Congreso.
d) Cierta capacidad legislativa.
e) Capacidad para nombrar a jueces federales (si bien necesitan confirmación por parte del Senado).
f) Capacidad para indultar.
Esas amplísimas capacidades que la Constitución estadounidense otorga al Presidente de EEUU, que de alguna manera incluyen los 3 poderes (ejecutivo, pero también legislativo y en cierto sentido incluso el judicial, algo que atenta, no lo olvidemos, contra la manida separación de poderes que tanto se ha de cuidar en democracia) convierten al presidente estadounidense no ya en la persona más poderosa de EEUU, sino también del planeta.
5) Organización interna del Gobierno: atendiendo a modelos cuya organización gubernamental gira en torno a uno (monismo) o dos órganos (dualismo). En ambos casos, tales órganos pueden tener carácter unipersonal (monocrático) o pluripersonal (colegiado). En el caso de EEUU, el Gobierno es monista, puesto que el Presidente lo es a la vez de la República y Jefe del Estado y además es monocrático. Colegiado sería por ejemplo el caso de Suiza, donde el Consejo Federal es un órgano colegiado de 7 miembros.
6) Mociones de censura: esta figura, tan característica de los sistemas parlamentarios, no encuentra cabida en el presidencialista sistema estadounidense, donde el presidente acaba la legislatura a cualquier coste, y donde su figura más aproximada, el impeachment, no deja de ser sino una especie de lo que en España tenemos como Comisión Parlamentaria de Investigación, mucho más ligera.
CONCLUSIÓN
La tremenda concentración del poder de gobierno en la figura del presidente de la república estadounidense nos lleva a la reflexión de que podamos hablar, de alguna manera, como de una suerte de “monarca republicano” (Duverger, 1974), con ciertas atribuciones más propias de regímenes y épocas pretéritas.
Una democracia es algo más que tener elecciones cada 4 años donde escoger entre 2 únicos potenciales presidentes propuestos por sus únicos respectivos partidos políticos. Más allá de ser una democracia occidental, tradicional y consolidada, la democracia estadounidense está muy alejada de ser un ejemplo, tanto por funcionamiento (que roza el autoritarismo, en particular en manos de un líder político como Donald Trump) y principios (data de 1787 y apenas ha sido modificada / actualizada en estos casi 250 años) como por proyección internacional de sus valores.
Lo llaman la mayor democracia del mundo, pero dista mucho de serlo.
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