lunes, 6 de febrero de 2012

POR QUÉ LOS ESPAÑOLES TAMPOCO SALDREMOS DE LA CRISIS CON ESTE GOBIERNO (NI CON ESTAS EMPRESAS)



Por qué los españoles tampoco saldremos de la crisis con este gobierno (ni con estas empresas)

Tengo que reconocer que estoy cagado de miedo. Podría ser peor, desde luego, pues analizando situaciones particulares, la mía no es tan mala. Sin embargo, cuando existe un entorno y estás sometido a él, y de esta forma, tu futuro no solamente depende de ti, la cosa cambia. Entonces, por mucha confianza que se tenga en uno mismo, no siempre juegas sobre seguro, y por lo tanto las posibilidades, por altas que sean, nunca alcanzarán el 100%. Lamentablemente, en prácticamente ninguna faceta de la vida estamos sometidos única y exclusivamente a nuestros únicos designios, es difícil encerrarse completamente en una burbuja, aislada del exterior. 

Así que tras un tiempo con un nudo en la garganta y otro en el estómago, se confirma el giro de timón; giro de timón porque el viento que viene de fuera, habla de girar hacia la derecha. Susurros, brisas de recortes. A veces, voces (Merkel, Obama, las agencias crediticias [Fitch, esta misma mañana], y cómo no, los mercados financieros, que se frotan las manos [y los bolsillos] viendo que puede haber un próximo cadáver). Y otras, gritos. En concreto, y en palabras del recientemente elegido Presidente, ya antes de la (fatídica) fecha, prevenía (declaraciones a “El País” del pasado 16 de noviembre): “Mi prioridad son las pensiones. A partir de ahí, habrá que recortar en todo”. Tengo miedo. Tenía miedo. Y mis temores, tras el parón que por motivos laborales nos ha impedido escribir de nuevo, nuestros temores se han materializado. 

Para empezar, al parecer dos de nuestras tres últimas elecciones las han ganado “agentes externos”, pues ni la izquierda tendría que haber entrado en 2004, ni la derecha ahora. 

Lo peor de todo es que para colmo, la votación ha debido de ser a ciegas, pues del programa Popular no se podía desgajar ni una sola propuesta económica concreta, tangible, que no sea difusa. O sea, “primero votadme, luego ya os diré lo que hago”. Y lo más lamentable, es que Rajoy pretendiera (y cumplió) explicar primeramente su programa a Merkel y Sarkozy en la reunión de Marsella del PP europeo. Es lo que faltaba, rendir cuentas antes a Europa que a nuestros propios compatriotas/conciudadanos que le han elegido. 

Sea como fuere, quien tenga oídos para oír, oiga; y lo que ha dicho bien claro es, en esencia, que todo es susceptible de ser objetivo de las ya archiconocidas tijeras. 

A estas alturas, cualquiera está al corriente de que la actual crisis que vivimos (padecemos), es de demanda y no de oferta. Caída en la confianza de los consumidores, escasez de dinero en los bancos (liquidez) y obviamente, escasez de este mismo dinero en el bolsillo de los consumidores (que si piden un préstamo las condiciones se endurecen, y que por no tener no tienen ni trabajo). Por todo esto, no se entienden los empeños y empecinamientos en los recortes. 

En concreto, la demanda de un país, su demanda agregada, está conformada por lo que consumen los ciudadanos (llamémoslo C), mas lo que consumen las empresas, es decir, lo que invierten (pongamos una I) mas lo que consume el sector público, el propio Estado (ponemos una G), lo que el Estado gasta. O sea, la ecuación (de primero de Economía, que nadie crea que soy un genio) es D=C+I+G. Por tanto, si la C está en caída libre, la I más de lo mismo, resulta evidente que a través de los recortes, si cortamos el gasto del Estado, si disminuimos el esfuerzo del Sector Público, que es la única letra que nos queda para despejar la ecuación, contraeremos aún más la economía. Por todo lo anterior, aumentar los salarios de los trabajadores sería la solución óptima para salir de la crisis, justamente porque estaríamos poniendo dinero en manos de la gente (aun a costa de la inflación, y siguiendo el desarrollo teórico de la entrada “Contratos temporales para una crisis indefinida”, de este mismo blog) de manera directa y no a través de una política monetaria expansiva, que es lo que reclaman los teóricos que ven en el euro una de las fuentes de todos los males desde el momento en que los países que conforman el euro cedieron su soberanía de política monetaria al entre supranacional que es la UE. Y porque la clave es ésa, recuperar la confianza de los ciudadanos-trabajadores-consumidores (no perdamos de vista ninguna de las tres palabras que hemos empleado para definirlos) en la economía; son ellos, y no ninguno de los otros, los protagonistas, son ellos la clave. 

Pues bien, a todos estos “detractores” del euro, también hay que decirles que una política monetaria expansiva así llevada a cabo, a través de una simple emisión-impresión de más papel moneda por parte de un Banco Central (medida que, pese a todo consideramos positiva [aunque mejorable] y que en Europa no se ha llevado a cabo [sino todo lo contrario, política restrictiva] hasta la partida de Trichet [empeñado en el control de la inflación {atendiendo al objetivo básico del BCE} mientras veía destrucción de empleo y caída de la producción a su alrededor, en el resto de países de la Unión]), es una política inflacionista (como lo del aumento de salarios) con la diferencia de que un aumento en el salario nominal de la gente implica poner el dinero directamente en los bolsillos del consumidor-ciudadano, mientras que a través del Banco Central se soportan costes de intermediación (el Banco Central que presta a los respectivos bancos del país, que a su vez éstos prestan a los ciudadanos [existe por lo tanto un intermediario, que como tal, justo por esa intermediación se quedará una parte en concepto de “interés”, lo que en definitiva hace que no todo el dinero puesto en la mesa llegue a las manos del consumidor], un diferencial en los tipos de interés que hace que sea preferible aumentar el salario frente a ese tipo de política monetaria expansiva). Y para estos teóricos, tampoco la devaluación de la moneda es (sería) ni mucho menos la solución, sino que bien al contrario, supone también agrandar el problema, pues si bien mejora la competitividad (artificialmente, por supuesto, ya que lo único que se está haciendo es reducir el coste del producto para los extranjeros) de cara al exterior facilitando las exportaciones (a los extranjeros les sería más fácil comprar nuestros productos), pues genera efectos negativos devastadores en la economía real del país, dado que justo por la inflación que este tipo de política conlleva supone un empobrecimiento de estos mismos ciudadanos-trabajadores-consumidores, a los que por razones obvias, les supondrá mayor esfuerzo comprar los mismos productos. Hay que joderse, vaya “soluciones”. 

Lo grave del asunto, es que se está primando el control y reducción del déficit (déficit elevado, pero de naturaleza netamente coyuntural) sobre la creación de empleo y reactivación de la actividad económica (desempleo, cuyos niveles estructurales comienzan a alcanzar cotas alarmantes); en otras palabras y para que nos entendamos: se está bailando al son de los mercados financieros (a los que no olvidemos, les interesa un nuevo cadáver financiero: las últimas colocaciones de deuda española han sido todo un éxito, dado el elevado tipo de interés) en vez de reactivar la economía real, la que habla de incremento de la producción y creación de empleo. 

En última instancia, incluso, los ciudadanos españoles estamos siendo vendidos ante los mercados financieros y los intereses extranjeros: es inaudito que sean éstos (Merkel, Obama [que como no es tonto, pero hipócrita él, predica una cosa para unos {el resto del mundo} mientras que en EEUU se ha preocupado bien de facilitar una política expansiva del gasto, con un espectacular incremento del nivel de endeudamiento (entre otras cosas, debido al aumento en el gasto público) en los momentos inmediatamente posteriores a la crisis, pasando de suponer éste el 81% del PIB en 2007, al 104% en 2009, y cuyas cifras demuestran que la situación actual de la economía estadounidense es de todo menos mala (8’3% de desempleo en enero de 2012, y crecimiento del PIB del 3% en 2010 y 1’7% en 2011) y que, en grosso, si bien EEUU generó la crisis de manera directa (aunque no exclusiva), la está capeando mucho mejor que Europa], la UE, las llamadas a la calma a los mercados) aquellos que primero conocen las reformas y las prioridades, en vez de aquellos ciudadanos que les han votado. 

La definición de esto, de anticipar las medidas al exterior antes que a los propios ciudadanos-trabajadores españoles, su adjetivo calificativo, atiende a la palabra desprecio
La prioridad no son los ciudadanos, no es ni el crecimiento económico ni mucho menos el empleo. Es la deuda, el déficit, el control del mismo. Situación que como ya vimos en una de las pasadas entradas de este mismo blog, si bien es preocupante, dista mucho de ser “desesperante”, como a los mercados les conviene y nos quieren hacer creer; pero sobre todo, el problema es que ése no es el camino a seguir para solucionar los problemas (ni siquiera el de la deuda), ésa no es la dirección a la explanada, sino la dirección contra el muro. Es además la pescadilla que se muerde la cola, porque reduciendo de esta manera el gasto se está potenciando aún más la crisis, se está destruyendo más empleo, se está agravando el problema. Problema que a cifras de hoy, de estos últimos días, sigue abundando: ya son más de 5 millones de parados, caída del 0’3% del PIB en el último trimestre 2011, y expectativas de -1’7%, de acuerdo con las previsiones del FMI. Esperemos que esto sirva para hacer recapacitar a estos gobernantes

Y si el problema persiste, la consecuencia es que a medio plazo habrá que endeudarse todavía más, con lo que los intereses, además de por las presiones de mercados financieros, agencias crediticias y demás intereses externos, volverán a dispararse, y la “prima de riesgo”, la “deuda soberana” y los “puntos básicos” (que por cierto es el mundo al revés, puesto que estamos llamando puntos básicos a las centésimas, como si no fuera más fácil decir que la archiconocida prima de riesgo ha pasado de un 2’84% a un 3’96%, pues queda más técnico decir que “ha ascendido en 112 puntos básicos”. Manda huevos, pero en fin) que hasta ahora no conocía nadie, volverán al vocabulario de la gente. 

El Estado, incluso, al menos desde un punto de vista relativamente prudente, poco más puede hacer, quizás a nivel expansivo, como lo demuestra el hecho de que la deuda pública ha pasado del 40% en 2007 a casi el 70% en 2010, o de que el déficit, tras mantener resultados positivos (hecho insólito en el siglo XX, exceptuando los años de la I GM, donde los excedentes de producción se vendían precisamente a Europa), tornó superávit a mediados del decenio considerado. El Estado, decimos, poco más puede hacer: pero desde luego, no se trata de cortar el gasto (ni de lejos, puesto que incluso hay que buscar aumentarlo), sino de reorientarlo y sobre todo, controlarlo (que es lo que no se ha hecho hasta ahora). Y además, en la línea de las ideas que se han venido defendiendo en este mismo blog, resulta infinitamente hipócrita que los mismos que defienden el liberalismo salvaje y el capitalismo más atroz exijan al Estado que repare la situación: la crisis, tal y como se ha dicho, terminará (en líneas generales) cuando las empresas quieran. 

En cualquier caso y en última instancia, desde luego está bien claro que recortar gasto en servicios básicos como sanidad y educación, que son justo fundamentales en el proceso de redistribución de la riqueza de todo Estado del Bienestar que se precie, y que en cualquier caso facilitan la igualdad de oportunidades, es un error que, literalmente, está llevándose a gente por delante. Y si no, que les pregunten a los familiares de los muertos que ya ha habido en Cataluña como consecuencia de dejar de recibir un servicio sanitario eficaz debido a la política de recortes. Patético. Miserable. 

Por cierto, y vaya por delante: la idea general que aquí se da de ampliación del gasto público, es “propiedad” del gran economista Keynes y defendidas por premios nobel de Economía como Stiglitz, no por directivos de turno bancarios, de agencias crediticias o nuevos y ricos empresarios en general (todos ellos también de turno). 

Sin embargo, no es al Estado al que se le tienen que pedir esfuerzos, al menos representa una contradicción del liberalismo, o de neoliberales que, dada su condición de empresarios/nuevos ricos y demás, les conviene que sea el Estado quien resuelva la papeleta. Al final, siempre pasa lo mismo: los defensores del liberalismo más puro y más a ultranza (que no es sino la causa del capitalismo más voraz), defienden ese liberalismo económico ahuyentando cualquier mínimo atisbo de intervención estatal (tª de La mano Invisible de Adam Smith, ni más ni menos que de 1776), escudándose en que la intervención estatal distorsiona pero sin poner ningún reparo a que el Estado intervenga cuando las cosas van mal. Sin embargo, son estos mismos hipócritas los que cuando vienen mal dadas abogan porque los ciudadanos “nos apretemos el cinturón”, y que dichas crisis, generadas precisamente por el capitalismo más voraz “las paguemos entre todos”. Como siempre, la apuesta fácil: privatización de beneficios y socialización de pérdidas. Hipócritas. 

Más aún, con la actual crisis, la frase de moda en boca de cualquier empresario medio, con un cierto número de empleados a su cargo, es que los españoles “nos tenemos que poner las pilas”. Qué mentira. Qué falacia. Nada más lejos de la realidad. ¿Quién se tiene que “poner las pilas”? ¿El español medio, joven, con un 50% de posibilidades de ser mileurista? ¿O se las tiene que poner el español medio, joven, con el otro 50% de probabilidades de estar parado? 

La causa de todo esto radica, en muchas ocasiones, en las propias empresas; empresas poco patriotas, que ven a los jóvenes en particular y a los trabajadores en general como gasto y no como inversión. Empresas tan miopes que son incapaces de reconocer el talento creado, que al Estado, en materia educativa (becas y ayudas aparte) le cuesta hasta 7000€ al año por universitario, en el que rehúsan invertir y formar, y por tanto rehúsan adaptar para que rinda a su propio antojo. Empresas que durante mucho tiempo se han frotado las manos haciendo beneficios récord en comparación con sus colegas europeas. Empresas que, en líneas generales y como demostraremos a lo largo del texto, llevan beneficiándose del bajo nivel de salarios existente en nuestro país desde hace más de 60 años. Lamentable. Realmente penoso. 

Sólo así se entiende que durante todo este período (4 años de crisis), si algo debiera haberse ajustado en la economía española es precisamente el nivel de precios, justo como consecuencia de la caída en la demanda generada por la propia crisis, caída en la demanda producida como consecuencia de que los ciudadanos-trabajadores-consumidores, al ver reducida su capacidad adquisitiva y ni siquiera tener empleo, demandan menos bienes y además, no confían en la economía, niveles que desde su descalabro en el 2008, apenas han mejorado. Eso es lo que tendría que haber pasado en España: una caída generalizada en el nivel de precios que, a grandes rasgos, no se ha producido. ¿Consecuencia de la incapacidad de las empresas de adaptarse a la nueva situación (creada por ellas mismas)? Por supuesto, la respuesta es obvia. Y sin embargo, en España no solamente no ha habido ningún descalabro en el nivel de los mismos sino que la inflación apenas ha osado ser negativa, con un irrisorio -0’2% en 2009.


 Evolución de la inflación (en %)












Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat


 Antes al contrario, lo que se aprecia en los gráficos es una inflación sistemáticamente superior (a lo largo del período considerado y exceptuando Grecia y algunos casos puntuales), a la del resto de países analizados. Incluso más, porque si bien los gráficos pueden resultar, ante la cantidad de datos, algo confusos, pues teniendo en cuenta la media por país de los últimos 15 años, se aprecia claramente que, salvando Grecia, la inflación en España (o sea, el aumento de precios) es la mayor de todas.


Nivel de precios comparativos (en %)







Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat


En los dos anteriores gráficos, lo que se aprecia es más de lo mismo pero desde otro punto de vista: lo que vemos para nuestro país, es la tendencia al alza de los precios, en relación a la UE: suponiendo un nivel medio del 100% para la UE, en España lo que se aprecia es que, partiendo de un diferencial de precios del 86% respecto a la UE en el año 1995, los precios españoles en el año 2010, ya eran prácticamente equiparables a los del resto de países miembros de la Unión.
Básicamente, la tendencia que ha seguido el nivel de precios en España, a lo largo de los últimos 15 años, es de convergencia con respecto al resto de países de la Unión, partiendo de un 60% del nivel de precios respecto a la UE del momento en los años 70, hasta consumar la convergencia; lo que indica un crecimiento (en general), mayor y mayor más que proporcionalmente, justo debido a esta aproximación/equiparación al nivel de precios medio del resto de países de la Unión Europea.

Vayamos con el análisis de los salarios y la capacidad de compra de los ciudadanos:


PIB pc en términos de Paridad de Poder de Compra (en %)
Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat.
 

 En este gráfico se relaciona la capacidad de compra de los ciudadanos de los distintos países, medido en términos del PIB per cápita. En una constante a lo largo de los gráficos que hemos visto y que veremos, España va por detrás de lo que se considera como los países más desarrollados del entorno; esto es, el Benelux, los países escandinavos, y también por supuesto las cabezas de Europa por lo que a Historia y población se refiere (y aquellos con los que nos tenemos que comparar y competir): Alemania, Francia y el Reino Unido; considerando como media (100%) la UE de los 27, se ve cómo la capacidad de compra de los ciudadanos españoles (que venían en búsqueda de la convergencia desde nuestro ingreso en la Unión, cuando había unos valores próximos al 60%, se consuma en el primer lustro del siglo (en parte gracias al efecto estadístico generado como consecuencia de las diversas ampliaciones de la UE, y que de sopetón, con la crisis, vuelve a situarse en línea e incluso por debajo (91% en 1995, 105% en 2006 y de nuevo descenso hasta el 100% en 2010, a falta de los datos de 2011).

Ingresos en €/per cápita, en términos reales

Diferencial del nivel salarial español respecto a las medias de la UE de los 27 y de la zona euro.
Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat.

El gráfico anterior es el más pequeño de los de este análisis, pero sin duda uno de los más elocuentes: en él se puede observar que, en estos últimos años, la mejora de los salarios españoles en relación al resto de la zona euro es insignificante, y que en relación a la UE de los 27, dicha mejora es de naturaleza ficticia, pues se debe en buena parte al efecto estadístico que ha tenido la entrada de los nuevos socios europeos.


Crecimiento de los ingresos per cápita (€) en términos reales (2004 = 100%)


Ingresos medios por país

Salarios Mínimos antes de impuestos (€).
Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat

 Los cinco últimos gráficos (3 tablas más un gráfico) son bastante elocuentes: los ingresos medios del trabajador español, no sólo están alejados de las cabezas de Europa, de los países escandinavos y del Benelux, sino también están por debajo de las medias de la Unión, tanto de la antigua UE de los 27, como de los países de la zona euro (en este último caso con un diferencial más que considerable), y sólo por encima de Portugal y Grecia (en relación a los países analizados).
En este contexto, declaraciones (el pasado 29 de noviembre de 2011) como la del Director General del Servicio de Estudios del Banco de España (por nombre que no quede), el señor José Luis Malo de Molina, pidiendo a las empresas que redujeran los sueldos a través de la “moderación salarial” y que hay que aplicar “políticas de oferta”, son ridículas y absurdas, un disparate en el sentido amplio y puro de la palabra: intentar paliar carencias de demanda con políticas de oferta, no solamente es confundir el color de la crisis (una pena, porque el hombre tenía un 50% de posibilidades de acertar el diagnóstico de la crisis pero “le ha salido rana”; lo malo es que le ha salido rana a alguien que a priori no debería figurar en el guión de esta película, pero sobre todo a estas alturas de la misma, casi 4 años después del inicio de la crisis), sino que, decimos, además de demostrar de manera tajante no entender nada de economía, tiene el mismo efecto que intentar arrancar un coche por el mero hecho de echarle más gasolina. 


Ante esta realidad, viendo quién ocupa qué puestos (no ya solo por el señor del ejemplo anterior), y escuchando las “ideas” y “propuestas” de otros muchos, no es sorprendente que el país vaya como va.

La última tabla, la de los salarios mínimos, demuestra que las políticas de “ajuste” (como dicen los que las defienden; que traducidas son políticas de precariedad laboral, disminución salarial y reducción de derechos de los trabajadores como fórmula para [en general] mantener los beneficios empresariales ante la caída de éstos en los últimos años) son un fanfarronada, una fanfarronada inadmisible e indefendible (desde cualquier punto de vista, ya sea lógico, social o [evidentemente] económico). España, salvando a Portugal (y sabiendo que hay países en los que no existe un salario mínimo, sino que éste depende del sector [casos de Italia, Dinamarca y Alemania, pero donde sin duda los salarios son más elevados que en España {ver gráficos de la paridad de compra expresada en función del PIB}]), muestra sistemáticamente el nivel salarial más reducido de los países considerados, a lo largo del período estudiado.

  Por lo tanto, ¿Hasta dónde quieren bajar los salarios? ¿Cuál es el límite? ¿Por qué? ¿Qué pasa con los precios? ¿Por qué no hacemos lo mismo con los precios? ¿Y qué hay de la capacidad de compra de los ciudadanos-trabajadores-consumidores? 

Incluso, uno se pregunta dónde están los beneficios empresariales del período inmediatamente anterior, donde las empresas españolas, medidas en el selectivo IBEX-35, alcanzaron beneficios y rentabilidades récord durante varios años consecutivos, en relación al resto de empresas europeas; decimos, uno se pregunta dónde están dichos beneficios y por qué no se utilizan lo que contablemente tendría que estar en Reservas para paliar la época de vacas flacas en que nos encontramos; en vez de apelar a los recortes y a la bajada salarial.

 Tal como se aprecia y tal como se ha venido defendiendo en este blog, la bajada salarial, la contención en el gasto, los recortes, los “ajustes”, no tienen ningún sentido ni se parapetan tras ninguna lógica y son contraproducentes. Y en concreto, respecto a los salarios, tal como se indica significa ahondar más en el problema, puesto que se está privando a la gente de consumir, se está cortando la sociedad de consumo, que es justo aquello en lo que se basa cualquier economía desarrollada.

Sabiendo además que, según datos del INE, los salarios del sector público son superiores a los del sector privado, y teniendo en cuenta la evolución de la Inversión de las empresas españolas (medida a partir de la formación bruta de capital fijo [ver cuadro]), de la que se aprecia un tan vigoroso ascenso a principios de la década, como vertiginoso descenso en el segundo lustro (el más acusado de los países desarrollados), que, medida en términos de PIB, pese a estar claramente en cabeza, nos devuelve a valores en línea con el resto de países justo al final del período estudiado, ya con la crisis; sabiendo lo anterior, decimos, y analizando los gráficos que estamos presentando, el Gobierno, los mercados, agencias crediticias y los empresarios y/o presidentes de lo que sean, pueden decir lo que quieran y reclamar lo que les plazca, pero están mintiendo porque su fundamento es nulo dado que los números y las estadísticas son los que son.

Evolución formación bruta de capital fijo (per cápita y por país, en €).

 En el gráfico de la formación bruta de capital fijo, que podríamos identificar con la inversión de las empresas (la famosa I de la ecuación que inicialmente apuntábamos), ya que determina su inversión productiva (y no la financiera), se aprecia claramente cómo el punto de partida de España es netamente inferior (de hecho sólo por encima de Francia, Grecia, Portugal y la media UE), lo que en parte explica el gran aumento.